Los combustibles fósiles tienen un límite y es una necedad quemar el
petróleo remanente, cuando puede ser empleado para sintetizar materiales que
necesitamos. Más preocupante incluso es la combustión masiva de carbón...
SON preocupación actual de los medios de comunicación de masas y de muchas
revistas científicas los temas que dan título a este artículo. Ciertamente, las
opiniones que, en general, apoyan la idea del calentamiento creciente de la
atmósfera terrestre, encuentran, si no la aceptación general, sí mayoritaria
por parte de los expertos en climatología. Todos los científicos que creen que
se está produciendo un calentamiento global del planeta, coinciden en que el
problema está directamente relacionado con el dispendio abusivo por parte del
hombre de los recursos naturales: la destrucción masiva de árboles y la quema
de fósiles fácilmente accesibles como el carbón, el petróleo y el gas natural;
todo ello agravado por el ingente incremento de población.
Hace unos 30 años, Slater advirtió en su trabajo «Bioenergéticas: pasado,
presente y futuro», publicado en el libro editado en honor de Severo Ochoa,
«Reflections on Biochemistry», que las reservas de petróleo se acabarían
rápidamente; afortunadamente, el descubrimiento de nuevos yacimientos, las
mejoras en la eficiencia extractiva y el mejor empleo de las energías
alternativas han prolongado los recursos por encima de sus predicciones. Pero
es evidente que los combustibles fósiles tienen un límite y es una necedad
quemar el petróleo remanente, cuando puede ser empleado para sintetizar
materiales que necesitamos. Más preocupante incluso es la combustión masiva de
carbón, sobre la que el número de marzo de la revista «National Geographic»
presentaba datos aterradores bajo el título «El alto coste del carbón barato».
Además de las tremendas influencias medioambientales negativas, desde el punto
de vista sanitario la quema de carbón es nociva: hay que recordar que la misma
es responsable de la producción de dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno,
causantes de la lluvia ácida y de la emisión a la atmósfera de trazas de
mercurio, que se acumula en diversos alimentos, especialmente en el pescado, y
es tóxico para los humanos. Además de la ya conocida producción de dióxido de
carbono. El uso de carbón como combustible produce en los Estados Unidos un 83
por ciento más de dióxido de carbono que la del gas natural y el petróleo. Los
Estados Unidos poseen la mayor parte del carbón mundial, pero su consumo es tal
que un tren de carbón de milla y media de longitud, que son más de 2,5 Km de
largo, es consumido diariamente para el funcionamiento de una central térmica
grande de las muchas que dicho país posee. En otras cifras: la gigante central
térmica situada en el sur del estado de Indiana, consume cada minuto 25
toneladas de carbón, con la correspondiente emisión de anhídrido carbónico. Y
en los Estados Unidos se están construyendo ya o se planea construir más de 40
centrales térmicas nuevas, y en la mente de muchos está presente que China, con
una gran riqueza en carbón y una población con unas crecientes demandas
energéticas, podría disparar su construcción de centrales en los próximos años.
Aunque la preocupación surgida hace años por el agujero de la capa de ozono
y sus consecuencias en la salud humana, con el incremento del número de esos
terribles melanomas, ya evidenció la relación entre las actividades humanas
contra la naturaleza y las nocivas repercusiones en nuestra calidad de vida, es
ahora cuando la población general muestra esas preocupaciones y exige mayor
responsabilidad social. El último libro de James Lovelock sobre Gaia, que me
regaló recientemente mi brillante amigo y patrono de la Fundación Valenciana de
Estudios Avanzados, José Manuel Entrecanales, aborda el problema. Debo
reconocer que dicho regalo fue consecuencia de un profundo intercambio de
opiniones entre él y Luis Javier Navarro Vigil, también patrono de la misma
Fundación, durante el acto de presentación a los medios de comunicación de la
convocatoria 2006 de los premios «Rey Jaime I». La misma tuvo lugar en el
casino de Madrid, en una mesa presidida por Francisco Camps, presidente de la
Generalitat Valenciana, y en la que disfrutamos entre los comensales, de la
presencia de José Luis Olivas y otros políticos relevantes. Como alguien
comentó después, durante dicha comida y sobremesa no se habló en ningún momento
de política, pues el tema de los recursos y la tecnología energética acapararon
la atención de cuantos compartíamos mesa.
Con motivo de la Expo 92 en Sevilla, se publicó un precioso libro, «En el
umbral del Tercer Milenio», promovido por el Comité de Expertos de la misma que
presidía S.M. la Reina Doña Sofía. En él se abordaron varios de los graves
problemas que hoy tanto nos preocupan corroborando las ideas expuestas por
Slater.
Es evidente que hay que hacer algo, pues el Protocolo de Kioto es
insuficiente, como evidenciaron los eminentes científicos reunidos en Valencia
coincidiendo con su entrada en vigor, y cuyas conferencias recoge el libro
«Cambio Climático, desde la Ciencia a la Sociedad», publicado por el Alto
Consejo Consultivo en I+D de la presidencia de la Generalitat Valenciana, bajo
la dirección del premio «Rey Jaime I» de Protección del Medio Ambiente José Mª
Baldasano.
Por todo ello, en la reciente reunión de los jurados de los premios «Rey
Jaime I», celebrada en Alicante, las personalidades que se citan más abajo,
entre las que se incluyen 15 Premios Nobel, firmaron el siguiente manifiesto:
«Algunos miembros de los jurados de los premios «Rey Jaime I» del año 2006
desean manifestar su preocupación por la gravedad de las cuestiones energéticas
e instan a los gobiernos y organismos internacionales a abordar este problema
con cierta urgencia. El creciente desequilibrio entre el consumo energético y
los recursos limitados obligan a la reconsideración de todo tipo de fuentes de
energía, así como al fomento de su conservación. Este proceso deberá ir
acompañado de un esfuerzo científico y tecnológico que mejore la eficiencia
energética y que permita que su producción sea sostenible. Este sentimiento y
propuesta se notificará a entidades internacionales como la UNESCO y las
Naciones Unidas, así como a los líderes de los países más industrializados del
mundo».
Luego de leer este artículo, responde:
1.
¿Crees
que algún día los combustibles fósiles se agotarán?
2.
¿Podrán
ser reemplazados en su totalidad?
3.
¿Qué
podríamos hacer las personas para evitar el consumo indiscriminado de combustibles
fósiles?